Mostrando entradas con la etiqueta Lydia Cacho. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lydia Cacho. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de agosto de 2012

Ganar con trampa

Londres. Las olimpíadas son el mejor ejemplo de un sistema que castiga, y duro, a los que hacen trampa. En cambio, el sistema electoral en México no solo permite sino que hasta premia con la presidencia al que hace más trampas. Es decir, Enrique Peña Nieto, con las tácticas que utilizó para ganar en las pasadas elecciones presidenciales en México, no hubiera pasado ni la primera ronda en los Juegos Olímpicos de Inglaterra.
Las reglas en las olimpíadas son brutales. Y así deben ser. En el estadio de atletismo vi como una corredora de 400 metros con vallas fue descalificada después de una sola salida en falso. Una sola. A los jueces no les importó que haya pasado la mitad de su vida entrenándose para esa carrera. Y a los saltadores con garrocha los sacaron de la competencia tras fallar en su tercer intento. Todos hubieran querido otra oportunidad pero no se las dieron. Nadie se quejó de los resultados finales porque las reglas fueron parejas para todos.
Esto no ocurrió en las elecciones presidenciales en México. Está claro que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) no estaba seguro que su candidato, Peña Nieto, podía ganar limpiamente en las elecciones. Por lo tanto, entregó tarjetas de débito y de compras a votantes (para influir en su decisión) y su candidato gastó decenas de millones de dólares durante años para promover su imagen por televisión. Ahí están las miles de tarjetas y los comerciales de televisión para probarlo.
Peña Nieto ganó con muchas trampas. Aunque jamás sabremos si todas esas trampas fueron determinantes en el resultado final de la elección.
Hay que decir, también, que no entiendo por qué el candidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, continuó en una contienda si él sabía que era dispareja. Tampoco tiene mucho sentido cuestionar las votaciones presidenciales pero no las otras, al congreso, que ganaron sus compañeros de partido. Pero, como quiera que sea, hoy es imposible saber quién hubiera ganado sin trampas. Por eso López Obrador y sus seguidores tienen todo el derecho a quejarse.
Esto nos obliga a los periodistas independientes a la inevitable tarea de cuestionar los resultados e investigar las trampas. Insisto; no es una cuestión partidista, es una cuestión ética. Si López Obrador, Josefina Vázquez Mota o Gabriel Quadri hubieran ganado de manera ilegítima, tendríamos que poner en duda sus estrategias de campaña de la misma manera que hoy hacemos con Peña Nieto.
La gran tragedia de los periodistas que aplauden los resultados en lugar de cuestionarlos es que nadie les cree. Y en este negocio la credibilidad es todo. El periodista que calla pierde la calle y el respeto.
Dudo mucho que el poder judicial en México tome una decisión correctiva, ejemplar e histórica en este caso. ¿Desde cuándo los jueces y los tribunales en México han actuado con independencia de partidos, congreso y presidencia? Va a ser delicioso -y trágico- escuchar los argumentos del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación a más tardar el 6 de septiembre. Pero algo raro pasó con el financiamiento de esta elección y nadie terminará en la cárcel. Impunidad, otra vez.
El único consuelo que queda, por ahora, está en decir la verdad hasta que duela. Así como todos sabemos que Carlos Salinas de Gortari ganó la presidencia en 1988 con un fraude mayúsculo y que Ernesto Zedillo entró a Los Pinos en 1994 tras el asesinato de Luis Donaldo Colosio y el subsecuente dedazo de Salinas, así también quedará marcado el nombre de Peña Nieto como el candidato que compró la presidencia o, más bien, la prepagó con módicas cuotas.
Me preocupa muchísimo que eche raíces la terrible idea de que ganar la presidencia con trampas, aunque no hayan sido totalmente comprobables y determinantes, está bien porque todos los partidos lo hacen, porque los mexicanos somos así y porque nuesta democracia aún es muy jóven e imperfecta. Esto sería decir que la trampa es lo normal en México. Y esto nos podría condenar a otros 71 años de soledad y autoritarismo.
Aquí en Londres tengo esa maravillosa certeza de que han ganado en las olimpíadas los más rápidos, los más fuertes y los más talentosos. Y eso contrasta con la terrible percepción de muchos mexicanos de que en las pasadas elecciones presidenciales ganaron los tramposos.
Posdata. Toda mi solidaridad a la gran periodista Lydia Cacho quien tuvo que salir de México por amenazas de muerte. No quería ser otra mártir y tiene razón. Del 2000 a hoy han sido asesinados a más de 80 periodistas en México, un país más peligroso para los reporteros independientes que muchas zonas de guerra.
Por Jorge Ramos Avalos
(Agosto 13, 2012)

sábado, 4 de agosto de 2012

Por amenazas de muerte Lydia Cacho abandona el país



Cacho, quien reside en Cancún, recibió el domingo pasado una amenaza de muerte proveniente de una fuente cercana al parecer de miembros del crimen organizado, tras la cual abandonó de inmediato el país.

"No te metas con nosotros o te vamos a mandar a casa en pedacitos", dijo una voz desconocida a través del radioteléfono, según relató esta semana la propia Cacho al Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), con sede en Nueva York.

"En cuanto sucedió me preocupé, siempre se siente horrible escuchar algo tan grotesco", afirmó Cacho, quien explicó que se alarmó aún más cuando asesores de seguridad le explicaron que las transmisiones de radiocomunicación se interceptan desde distancias cercanas a menos de 5 kilómetros.

Explicó que al parecer las amenazas provienen de algunos presuntos delincuentes que habían sido señalados en su libro "Esclavas del Poder" y que estaban vinculados con la trata de mujeres para la prostitución.

Cacho sostuvo que no regresará a México mientras no tenga las garantías para su vida, pero afirmó que sigue trabajando en un nuevo libro.


miércoles, 11 de julio de 2012

El libro que escribió Peña Nieto, en realidad fue escrito por un estudiante.

 La periodista Lydia Cacho dijo a través de su cuenta twitter, que el libro que escribió Enrique Peña Nieto México "La gran esperanza" no lo escribió él; aseguró que el verdadero autor del libro es un estudiante del ITAM, al que se refirió como “escritor fantasma”

La periodista Lydia Cacho, quien es recordada por haberle ganado en 2007 el juicio por difamación al empresario mexicano de origen libanés José Kamel Nacif Borge, cuando esta lo acusó en su libro Los demonios del edén publicado por editorial Grijalbo en el 2005, de estar implicado en la protección a Jean Succar Kuri, empresario de Cancún finalmente sentenciado en 2011 por cargos de pederastía, aseguró a través de su cuenta de twitter que el libro que escribió Enrique Peña Nieto México la gran esperanza, y que presentó el pasado 23 de noviembre en la Casa del Lago en el Bosque de Chapultepec, no es de su autoría; dice Lidia Cacho que el verdadero autor de México la gran esperanza es un estudiante del ITAM.
En el tweet no revela el nombre del alumno del ITAM que, afirma Lydia Cacho, escribió el libro, sólo lo menciona como otro “escritor fantasma sin gloria”.
Lo cierto es que la periodista, feminista y activista de derechos humanos de las mujeres, Lydia Cacho, tendrá que sustentar con pruebas su dicho.
http://www.msn.unotv.com/wps/portal/unotv/elecciones/dichos-vs-hechos/detalles/!ut/p/c5/vZbdjqJKEMefZR7AoekPGi5BUEG7FWhEuDHqMCig4MqA8PS